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27 sept. 2013

Reseña: Mientras no tengamos rostro, de C.S. Lewis

Título: Mientras no tengamos rostro.
Autor: C.S. Lewis.
Año de publicación: 1955.

Sinopsis: Ésta es la historia de Orual, una mujer fea e hija del rey de Gloma; y de Psique, su hermanastra pequeña, niña de belleza deslumbrante, víctima de un extraño encantamiento que transformará su vida. Se trata de la reinterpretación de una vieja historia de la mitología griega, presente en la mente del autor durante la mayor parte de su vida, hasta que adquirió lo que sería su forma exacta: una narración alegórica sobre el destino de los hombres, la búsqueda del rostro auténtico del ser humano.

De toda la vida (bueno, de toda la vida no; pero ustedes entienden) yo siempre pensé que C.S. Lewis había sido, más bien, un escritor de corte fantástico/juvenil (por algo su obra más, digamos, conocida, es «Las crónicas de Narnia»); pero resulta que no. Al encontrarme con esta historia me enteré que la mayor parte del trabajo de Lewis se centró en ensayos y textos que no tenían nada que ver con lo que ahora llamamos fantasía juvenil. Así es como entro yo a leer «Mientras no tengamos rostro», una interpretación contemporánea de uno de los mitos griegos. En la leyenda griega, Psique es ofrendada a Afrodita y su hijo se la roba para hacerla su esposa, lo que la convierte en diosa, pero le prohíbe que la habitación esté iluminada cuando vayan a intimar; sus otras dos hermanas, entonces, la visitan un día al palacio donde vivía con el dios y, celosas de todas las comodidades de su hermana, la convencen de entrar con una lámpara a la habitación y ver a su esposo. Así lo hace Psique, y es desterrada a realizar toda clase de torturas que le imponga Afrodita. Para recontar la historia, Lewis se toma algunas licencias que explica antes de que la historia comience.

En la historia tenemos a Orual, que es la hija fea del rey de Gloma. Lewis nos presenta una voz femenina que lleva la cruz de ser fea, de no ser apetecible a los ojos de los mortales; y utiliza esta forma de nosotros de ver la vida (belleza-fealdad) para presentarnos la idea de que andamos en la búsqueda del verdadero rostro para poder ver a los dioses. Y cuando Psique es ofrendada a la fuerza a la Bestia de la montaña, Orual trata de buscarla luego y al creer que ha enloquecido (puesto que ella no puede ver el palacio del dios), la convence de verle la cara a su esposo para descubrir si es un ladrón o delincuente de la montaña o no. Y cuando Psique es desterrada y es maldecida, Orual también lo es y se ve obligada a llevar la maldición con su hermana.

—Pero, señor, si yo fuera rey y padre, no sólo daría mi trono para salvar a la princesa, sino mi propia vida. Luchemos. Armad a los esclavos y prometedles la libertad a cambio de que se porten como hombres. Incluso en estas circunstancias podemos hacerles frente, nosotros, los de casa. En el peor de los casos moriríamos inocentes. Mejor eso que descender Allá Abajo con las manos manchadas con la sangre de una hija.
(...)
—Soy un rey. He pedido tu consejo. Por lo general aquellos que aconsejan a los reyes les dicen cómo fortalecer o salvar sus reinos y sus dominios. Y tú me aconsejas que arroje la corona, que venda mi país a Fars, y que encomiende mi pescuezo al hacha del verdugo. Sólo falta que me digas que para que deje de dolerme la cabeza tengo que cortármela.
—Entiendo, señor —dijo el Zorro—, os pido perdón.
»Había olvidado que lo único que aquí hay que defender cueste lo que cueste es vuestra propia seguridad.

Lewis, que en su juventud fue ateo (por que se peleó con Dios más que por otra cosa), luego de volver a reencontrarse con el cristianismo escribe varios textos que pueden considerarse de carácter teológico. Y en este utiliza el mito griego para representar las cuestiones de fe con las que la humanidad ha venido luchando desde siempre: ¿existe algún dios? ¿Cómo sabemos que existe; cómo sabemos que no existe? ¿Es bondadoso ese dios?... es más, análisis de «Las crónicas de Narnia» dicen que éstas están llenas de analogías con el cristianismo, una de ellas vendría siendo que Aslan representa a Jesucristo, entre otras cosas.

En fin; esta historia te permite sumergirte en ella y se me hizo fácil de seguir. Lewis contrasta el pensamiento racional con el más espiritual (representado en un griego esclavo que hay en la Corte del Rey y en el Sacerdote de Gloma, respectivamente, de manera usual) una que otra vez; y, más que todo eso, es la historia de una mujer marcada por su fealdad en un mundo donde todos debemos ser bellos. Con un final de lo más interesante y presto a divagar sobre cómo habría querido la narradora terminar su libro...

Al fin, pese a todo, tras mil estorbos, escribí mi libro y aquí está. Ahora tú, lector, juzga entre los dioses y yo. Ellos nada me dieron que amar, sólo a Psique, y me la quitaron. Pero esto no fue suficiente. Tuvieron que ponerme frente a ella en tal momento y lugar que de una palabra mía dependiese continuar bajo su bendición o ser arrojada a la miseria.
No iban a decirme si se había desposado con un dios o con un loco, o si había sido la presa de una bestia, o de un villano No iban a darme una pista clara, ni que yo la implorase Tenía que adivinarlo todo. Y puesto que me equivoqué al adivinar me castigaron; lo que es peor: me castigaron con ella. Y ni aun eso les bastó: ahora han hecho correr una sarta de mentiras, según las cuales yo no tenía que descifrar ningún enigma, sino que sabía y veía que era la esposa de un dios, y la destruía por propia voluntad, y todo por celos. Como si yo fuera una Redival más. Declaro que los dioses nos tratan sin ninguna justicia. Porque ni quieren abandonarnos (que sería lo mejor) y dejarnos vivir en paz nuestros breves días, ni quieren tampoco manifestarse abiertamente diciéndonos lo que de nosotros quieren.

Sobre el autor

Clive Staples Lewis (Belfast, Irlanda del Norte, 29 de noviembre de 1898 – Oxford, Inglaterra, 22 de noviembre de 1963), popularmente conocido como C. S. Lewis, y llamado Jack por sus amigos, fue un medievalista, apologista cristiano, crítico literario, académico, locutor de radio y ensayista británico. Es también conocido por sus novelas de ficción, especialmente por las Cartas del diablo a su sobrino, Las crónicas de Narnia y la Trilogía cósmica. Lewis fue un amigo cercano de J. R. R. Tolkien, el autor de El Señor de los Anillos. Ambos autores fueron prominentes figuras de la facultad de Inglés de la Universidad de Oxford, y en el grupo literario informal de Oxford fueron conocidos como los "Inklings". En 1956 contrajo matrimonio con la escritora estadounidense Joy Gresham, quien falleció cuatro años después a causa de un cáncer óseo, a la edad de 45 años.
Finalmente, C. S. Lewis falleció en Oxford el 22 de noviembre de 1963, a los 65 años de edad.

(Tomado de Wikipedia)

2 comentarios:

  1. Pobre Lewis :( Su historia con Gresham me pone triste cuando la recuerdo.

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  2. En cada libro de Lewis hay una secuencia de revelaciones que se descubren cuando le leemos con profundidad, lo bueno de estas revelaciones es que podemos aplicarlas a nuestra propia vida ya que son un reflejo de la naturaleza moral del universo

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